Leyendas
YAVIRAC
En el libro Leyendas del Ecuador, de Edgar Allan García se cuenta una
interesante leyenda la cual se narra a continuación:
Antes de que llegaran los españoles, este sitio era conocido como
Yavirac, y ahí, sobre su cima, los indígenas anteriores a los incas, y más
tarde los incas que invadieron estas tierras, festejaban el Inti Raymi, la gran
fiesta del Sol. Así, el 21 de junio de cada año, los indígenas de distintas
regiones se reunían en el Yavirac para cantar, bailar, beber y alabar, en una
ronda de alegría, al altísimo señor del cielo que moría cada tarde y renacía
cada mañana, al generoso Inti.
Pues bien, según la leyenda Atahualpa (que en realidad se llamaba
Atabalipa) había mandado construir en la cima del Yavirac un templo de oro
puro. Motivo por el cual luego de que los españoles mataron al Inca Atahualpa
(que en ese entonces tenía 33 años), marcharon a toda prisa hacia Quito con
ansias de repartirse el Templo de Oro que estaba en la cima del Yavirac.
Los españoles que sudorosos y cansados subieron a la cima del Yavirac
se encontraron con que no había ni una sola pepita de oro sobre la tierra seca,
el Templo del Sol había desaparecido como por arte de magia. Pero lo que no
sabían, ni supieron nunca que dentro del Yavirac, en el corazón del cerro,
entrando por caminos secretos llenos de arañas ponzoñosas y alacranes
gigantescos y desfiladeros llenos de trampas mortales, se encuentra el Templo
del Sol, cuidado por cientos de doncellas hermosas que no envejecen nunca y por
una anciana sabía quién presuntamente es la mismísima madre de Atahualpa.
Además, la leyenda dice que: si logras encontrar la entrada, y luego
de salvarte de los peligros que te esperan, llegas por fin a la morada de la
anciana, tienes que pensar muy bien en lo que dices y haces. Si la anciana te
pregunta mirándote fijamente a los ojos ¿qué buscas en esos recintos sagrados?,
tienes que decir que eres pobre, que has ido a dar ahí por accidente, que sólo
buscas la salida y que juras nunca revelar la entrada secreta a aquel templo.
La anciana entonces se levantará de su trono de oro macizo; te hará
escoger entre una enorme piedra de oro, más un puñado de perlas, rubíes y
esmeraldas que están sobre una mesa, y una tortilla de maíz, una mazorca de
choclo tierno y un pocillo con mote jugoso que están sobre otra mesa. Piénsalo
bien, pues si escoges la primera mesa, es probable que al salir te encuentres
con que en vez de riquezas sólo llevas un pedazo de ladrillo y unas cuantas
piedras comunes en las manos.
Y es probable también que, si escoges los alimentos que se encuentran
sobre la segunda mesa, la tortilla se convierta de pronto en un enorme pedazo
de oro sólido, el choclo tierno en numerosas pepitas de plata y el pocillo con
mote en gran cantidad de perlas brillantes. Escoge bien, porque es probable que
suceda también al revés, y que una vez afuera ya no haya forma de volver atrás.
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